Todavía no lo hemos matado, hoy esta más vivo que nunca en nuestra mentes; en nuestra sociedad sean reproducidos sus ademanes, su régimen parece formar parte de nuestra cotidianidad que nunca lo pensara dejar ir. Hay montones de libros, ahí el morbo que nos compete.
Pesaron mucho en nuestra historia las dictaduras, los presidentes relámpagos, los parecidos y piratas, que mercadearon siempre la política como uso fruto personal ante el pueblo llano, cada vez más hacinado entre la pobreza y la pobreza mayor. Mientras más altas van subiendo las torres, más crecen los cordones de miseria que las rodean.
El espíritu que recorres nuestra geografía no es el fantasma que alguno pudieras desear, no es el de, Duarte, Hostos, Luperon o Juan Bosch, que mantiene viva la idea de nuestra noble redención y pudieran guiar el devenir de esta Patria. Es otro el fantasma que nos persigue, el que vulnera la democracia, es uno más siniestro.
Hoy, siguen caminado por los pasillos de nuestras instituciones, de nuestro congreso y del Palacio Nacional, sentadose en la misma silla, con pocos intervalos por más de 51 años. Los que han vendido su alma por el monto de dinero a punta de violencia, robo, estafa y el engaña para sacado de las arcas del Estado, todo los que le pareciera útil, sigue en los mismo puesto más firme todavía.
Sus nombre han cambiando con el tiempo, una vez, Santana, Báez, Lilís, Trujillo, Donald Read Cabral, otras Wessin y Wessin o Balaguer. Hoy, Leonel, Hipólito o Danilo, todos una misma tela, que todavía nos sigue arropando a todos/as, hoy con las caras más lavadas y con los aires de una modernidad que solo ante los ojos de ellos, que han subido más allá de los demás, puede ser visible.
A cada nuevo siglo, a cada nueva década le ha tocado la maldición de ver quebrar su espíritu ante la felonía de nuevos tecnócratas, será como dicen algunos y el Fukú que nos trajera Colon en una de sus carabelas todavía no ha partido de esta media isla de fisión.
Hay que matarlo ya, pero no solo con el olvido que nos hace falta, sino con las agallas de romper con todo lo que representa el pasado y que nos mantiene atados a la ignominia. Matar el miedo, es la acción a la que nos convocara hace mucho tiempo, no sigamos ignorando este llamando histórico que nos corresponde.
