Escrito por Franiel Genao (franiel.genao@gmail.com)
A Arlette, porque nunca te,
canses de contarnos la historia
Hubo un coronel que entendió, que había que cambiarlo todo, que la lógica hasta entonces no era la correcta, y que siempre fue mejor no hacer nada, sino era para hacer bien y de la manera mas honesta y comprometida.
Sin ser político de carrera, comprendió la necesidad de su tiempo, y con su mística y liderazgo fue capaz de arrastrar a toda una generación de valientes hacer lo imposible, a tomar el cielo por asalto.
Aquel Coronel, Fernández Domínguez, bujía inspiradora del movimiento Enriquillo, responsable directo de la rebeldía justa y honesta del campamento 16 de Agosto, que dio al traste con el Gobierno corrupto e ilegitimo del Triunvirato, encabezado por Donald Read Cabral, el 24 de abril de 1965, iniciando así, aquel sábado en la tarde, la lucha por el retorno a la constitucionalidad, perdida años atrás con el golpe de Estado al Gobierno de Juan Bosch.
Domínguez para entonces exiliado en Chile, regresa al país vía Puerto Rico el 14 de junio de 1969, estando el suelo dominicano en plena lucha contra el imperialismo norteamericano y sus lacayos criollos de San Isidro. A su llegada, se integrar al Gobierno Constitucional de Francisco Alberto Caamaño Deño, como Ministro de Interior y Policía.
A unos cuantos días de su arribo al país, seguro de lo que representaba el poder en ese momento. Intenta junto con miembros del 14 de Junio y Hombres Ranas, tomar el Palacio Nacional, último bastión de la reacción dentro de la zona constitucionalista.
En este esfuerzo militar cae abatido por la balas traidoras de un francotirador, junto con el, caen también, el italiano Illio Capozzi y el francés Jean Pierre Onde de la Riviere, ambos instructores de los Hombre Ranas y el dirigente del 1j4, Juan Miguel Román.
Es cierto que los individuos por si solo, no hacen la historia, ni muchos menos las buenas intenciones de los mismos. Pero también es verdad, que sin el coraje y la determinación de algunos, la rueda de la historia no puede acelera el paso.
Domínguez fue uno de estos hombres indispensables que nunca se cansan de luchar y por esto merecer lo más altos estandartes, que no es, solo estatuas, calles o papeles. Sino sobretodo la retribución histórica de nuestra generación de cumplir sus ideas y las de sus compañeros.