De las montañas bajaste
Comandante, con temple
de fusil guerrillero.
De los humilde escudo
fuiste, y por ellos
recogiste la leyenda
de aquel heroico guerrillero.
Cuando con la gente
te encontraste a ellos
proclamas hiciste
acerca de la libertad.
De Higueras a Caracoles el
mismo hombre fuiste.
De Chiapas a Managua,
Marcos o Carlos te llamaste.
Para alguno Roman,
para otro Ernesto,
pero siempre será para todos
el eterno Comandante.
